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Reino fundado a inicios de la Primera Era en el noreste de Thalesia, próximo a las costas del Mar Interior. 

HistoriaEditar

En su origen conocido como Kier’Thar, en su origen fue una fortaleza fundada por la tribu de los Gö’Thar a la orilla de un río. Se trataba de una tribu de cazadores seminómandas que veneraban a una deidad llamada Thar, a quien le atribuían el dominio del viento. De hecho, el asentamiento se traducía como Fortaleza del Viento, y el nombre del pueblo significaría Hijos del Viento. Según sus doctrinas religiosas originales, eran herederos de toda tierra besada por el Viento, y durante décadas realizaron numerosas expansiones territoriales para levantar sus templos, las Mansiones de Thar. 

Estas expansiones les llevaron a conflictos tempranos contra los bárbaros de Grimgoth, pero ambos pueblos fijaron sus fronteras. Pocos años más tarde, las expansiones norteñas cesaron al alcanzar las fronteras del Pacto de la Torre, las cuales respetaron, cambiando por la expansión hacia el sur, compitiendo contra la vecina nación de Naströnd. La expansión del reino de Cier’Zar finalizó con el establecimiento de su frontera sur, con el Imperio de Baltia. 

La tribu original basaba su gobierno en la asamblea del Thing, en la que sólo podían participar los hombres capaces de sujetar un arma, y de entre los cuales se determinaba un rey, que era caudillo y sumo sacerdote de Thar; estos caudillos solían ser elegidos por breves periodos de tiempo, habitualmente antes de las campañas militares, y podían ser depuestos por la misma asamblea que los había elegido. Por otra parte, la asamblea estaba administrada por el Langman, un sabio que debía memorizar todas las tradiciones y costumbres, y ser capaz de recitarlas, teniendo el valor y la función de un juez e intermediario. 

Sin embargo, este pueblo belicoso también tenía un sentido práctico cuando invadía las tierras vecinas: si bien eran fieros con los adversarios cobardes y los insensatos, a quienes se defendían con valor les daban la oportunidad de jurar lealtad. Con este método procedieron a anexionar numerosas tribus vecinas, respetando sus religiones, cultura, costumbres y autoridades; en consecuencia, la cultura de los Gö’Thar evolucionó muy rápidamente. No tardaron en asimilar que cualquier ciudadano capaz de sostener un arma podía participar en la asamblea, equiparando géneros. El rey, o reina, se convirtió en un título vitalicio pero no dejó de ser representativo, debiendo ser elegido de entre los descendientes de la Primera Sangre, o la Sangre de Thar, familias que se proclamaron Condes. Todos las Casas Condales poseían el mismo derecho sobre todos los territorios que el propio rey, aunque cada Casa acostumbraba a favorecer determinadas regiones, normalmente las que habían conquistado. 

Por su parte, la expansión requirió la fundación de nuevas asambleas locales, donde los conquistados tenían derecho a nombrar sus propios letrados, los cuales debían ser aceptados y respaldados por la Gran Asamblea de Cier’Zar, cuyo letrado principal era elegido entre los Gö’Zar. En consecuencia, los caudillos de las tribus aliadas y los descendientes de los letrados empezaron a ser reconocidos como una nobleza inferior y se fundaron las Baronías, todas súbditas a la Primera Sangre, pero cada una afín a una u otra Casa Condal. 

En los últimos años, durante el gobierno del Rey Electo Agalor I, el reino padeció una crisis económica causada por la guerra contra Naströnd, que forzó al reino de Cier’Zar a aliarse con el Pacto de la Torre, quienes estaban en guerra a su vez con Grimgoth, nación aliada a la adversaria de Cier’Zar. A raíz de la alianza, el Reino de Cier’Zar experimentó un rápido progreso económico, social y cultural, siendo en aquel momento cuando se introdujo el Alto Imperial como lengua oficial de la corte y se volvió habitual el uso de la escritura, tanto en este idioma como en el de uso común, el Thalesio o Bajo Imperial. Aunque el reino comenzó a prosperar y ganarle territorios a su enemigo en el este, la desaparición abrupta del Pacto y el Cataclismo propiciaron su fin. 

Administración territorialEditar

A diferencia de otros reinos de su tiempo, el nombre de los señoríos en los que se subdividía Cier’Zar no ha llegado hasta la actualidad, pero sí el método administrativo. La figura del Rey Electo era un primus inter pares que debía ser elegida de entre los miembros de la Primera Sangre, o sea, de los descendientes de la tribu Gö’Thar. El Rey Electo ostentaba la Enseña Real, que consistía en la cabeza del león de oro sobre la cruz de la espada, en sable, en campo argén. 

Estos miembros de la Primera Sangre se reunían en un número indeterminado de Casas Condales, cada una de las cuales tenía por representante a su miembro de más valor, lo que en principio era determinado por sus aptitudes bélicas pero en los tiempos finales solía recaer en los veteranos de cada familia.  Todas las Casas Condales tenían los mismos privilegios, derechos y obligaciones, y los dominios del Reino de Cier’Zar les correspondía del mismo modo a cada uno de ellos. Juntos formaban el órgano supremo del reino, llamado la Asamblea Condal. Cada Casa Condal tenía su propia heráldica, aunque todas tenían en común el privilegio de emplear figuras de oro en sus escudos y portar espadas entre sus armas, cosa que era ilegal entre el resto de la población. 

Los señores de las tribus y clanes anexionados, o sus letrados, dieron lugar a la nobleza baja: los Barones. Existía un Barón por cada región del reino, elegido de entre sus habitantes y respaldado al menos por una Casa Condal; no era extraño, de hecho, que los miembros de Casas Condales y de las Baronías se unieran en matrimonio y tuvieran descendencia. Del mismo modo que el Rey Electo, la mala práctica de un Barón podía conllevar su expulsión por parte de su pueblo. Y a su vez, todos los Barones del reino debían reunirse en la Gran Asamblea de Cier’Zar, donde daban cuenta de sus administraciones locales a las Casas Condales y el Rey. La Gran Asamblea nombraba y destituía la figura del Gran Barón, el letrado destinado a organizar esta institución; en origen, el Gran Barón correspondía a la Primera Sangre, pero consta que el último funcionario con este cargo perteneció a la Casa Szélököl. En el caso de los Barones, su heráldica tenía prohibida usar figuras en oro, pudiendo sólo emplear el argén, a excepción que el cuartel correspondiera a una Casa Condal patrona que hubiera dado su consentimiento explícito, acto que se solía realizar  como señal de pleitesía. Se desconoce si los Barones podían ostentar espadas como símbolo de autoridad, al igual que los Condes y el Rey Electo, o estaban sujetos a las mismas leyes que el resto de la sociedad. 

Religión Editar

El Culto de Thar fue importante en los orígenes del reino pero se diluyó rápidamente, muy probablemente a causa de la costumbre de asimilar las religiones de los pueblos vencidos en sincretismos cada vez más complicados. En el periodo final, la administración ya no daba importancia a las cuestiones religiosas, que habían quedado delegadas a los súbditos, y la figura de los sacerdotes empezó a surgir para ocupar el espacio que anteriormente había correspondido al rey y al langman, o letrado. Los sacerdotes solían ser vecinos que voluntariamente se dedicaban al mantenimiento de las Mansiones de Thar, que con el tiempo pasaron de lugares sagrados a salones de juicio y archivos. De un modo paralelo, la práctica mágica era considerada un acto de cobardía y estaba mal vista, por lo que los hechiceros no fueron habituales en este reino. 

Poco se ha conservado de la fe original. Se sabe que era un culto al valor y a los antepasados, que en origen realizaban ritos al aire libre antes de las batallas o durante las fundaciones de nuevas ciudades. Las pinturas sagradas y los tatuajes rituales eran prácticas frecuentes para convocar la protección de su dios y reclamar el poder de sus enemigos vencidos, costumbres cuya importancia y simbolismo original se desvanecieron. El uso de la espada en esta cultura era ritual, razón por el que su uso se reservaba exclusivamente a los miembros de la corte real. Según sus tradiciones, las primeras espadas fueron forjadas por un Rey Electo, inspirado por Thar, y entregadas a sus guerreros más valiosos. Aunque las hojas originales se consideraban destruidas y perdidas, sustituidas por espadas actuales.  

Aunque la religión y la magia no tuvieron presencia en el Reino, los ataques fanáticos de la Iglesia de Alastor incitaron una reorganización de la fe. En varias baronías surgieron figuras religiosas que promovían nuevas interpretaciones de la antigua fe de Thar, hablando de un único dios omnipotente y omnipresente que tomaba diferentes identidades para comunicarse con diferentes pueblos. Algunas de estas doctrinas respaldaban la autoridad Condal, manteniendo que su presencia era una bendición celestial; otras afirmaban que todos los ciudadanos eran iguales ante Thar, quien no valoraba el origen sino la gloria, tanto personal como comunitaria; y otras doctrinas atacaban al gobierno, afirmando que la Primera Sangre había sido la elegida de un dios al que habían dado la espalda, y por ello Thar buscaba nuevos campeones. Por desgracia para todas aquellas sectas, el Cataclismo las destruyó cuando apenas contaban con unas docenas, cientos a lo sumo, de seguidores. 

Código legalEditar

Los Gö’Thar carecían de código legal como tal y se regían por una serie de costumbres ampliamente aceptadas e impuestas a sus vasallos, de quienes tomaron algunas otras costumbres nuevas. Es presumible que estas leyes pasaran a ser escritas y fueran perfeccionadas tras la asimilación de la lengua Imperial, pero el Cataclismo arruinó la mayoría de los archivos dificultando un conocimiento completo de estas tradiciones. Entre estas costumbres sobrevivieron algunas: 

  • La tradición de la asamblea, por la cual todo ciudadano libre capaz de usar un arma tiene derecho a participar en el gobierno de la nación. Aunque se presupone que en un origen esto hacía referencia sólo a los patriarcas de los clanes y luego se extendió a sus hijos varones, es evidente que en las últimas décadas del reino también se aplicaba a las mujeres y a los plebeyos leales.
  • La tradición de la coronación, por la cual el rey es el primero entre iguales, siendo elegido siempre de entre los descendientes de los Gö’Thar por los descendientes de los Gö’Thar. Aunque al principio era un cargo temporal con fines religiosos y militares, en las últimas décadas del reino era un cargo que duraba mientras la asamblea no determinara deponer al candidato; en la misma medida que aumentó el poder administrativo y legislativo del rey, decreció el poder religioso, limitándose a mantener controlados a los sacerdotes, dada la poca importancia que la fe llegó a tener. 
  • La tradición de sangre, por la cual todos los parientes vinculados por sangre mantenían derechos y obligaciones entre ellos, como los de acogerse, protegerse y ayudarse entre sí. Aunque en principio cada familia solía responder ante la autoridad absoluta de su patriarca, la tradición bélica acabó por crear huecos de poder que las mujeres ocuparon, estableciéndose rápidamente una igualdad de género al respecto de la autoridad familiar; la única exigencia era ser el miembro vivo y sano de mayor edad. También se sabe que, cada vez con más frecuencia, patriarcas y matriarcas recurrían a la fraternidad ritual para adoptar miembros en la familia sin que mediara ni vínculos consanguíneos ni matrimonios con sus miembros. 
  • La tradición del compromiso era similar a la fraternidad ritual, sin llegar a formar parte de la familia, y a medida que aumentaban el número de Barones y Baronesas en el Reino de Cier’Zar, más se normalizaba: consistía en un vasallaje voluntario y temporal a una familia condal, pero que exigía por parte del Conde su protección y atención.  
  • La tradición de compensación, por la cual cualquier ofensa podía ser solucionada matando al ofensor sin que pudiera caber represalia alguna. En algún momento, esta tradición sufrió tres modificaciones: la primera sangre, la primera modificación, por la cual la venganza se solventaba causando una cicatriz visible al ofensor; el linaje, la segunda modificación, por la cual sólo un miembro del mismo rango social podía atacar al ofensor; y el pago, la tercera modificación, por la cual el ofensor podía pagar una multa para evitar males mayores. 
  • La tradición de la ordalía fue de las primeras y menos practicadas de este pueblo, que implicaba un juicio por combate dando por hecho que Thar fortalecería al más digno de ambos combatientes. Por su puesto, a medida que la influencia religiosa del reino disminuía, más bárbara se consideraba esta tradición, aunque nunca se llegó a abolir y evolucionó, entremezclándose con los combates rituales, en una forma común de galanteo, sentando las bases de torneos y justas. 

Independientemente de si en un principio era o no una sociedad patriarcal, se conocen mujeres de gran importancia en la sociedad y el gobierno del Reino de Cier’Zar, al menos en sus últimas décadas de existencia antes del Cataclismo. Este es el caso de Kyra la Cónsul (familia condal desconocida), quien fue embajadora del reino además de una excepcional guerrera. 

La esgrima en Cier'ZarEditar

La importancia de la espada en la sociedad de Cier’Zar originó una escuela de esgrima estricta y severa, en la que todos los guerreros nobles del reino participaban independientemente del género o la edad. Aunque no se conservan datos al respecto, sí que se conoce el nombre del último de los líderes de esta institución, Ogruu el Maestro (familia condal desconocida), y el de uno de los alumnos más famosos de esta escuela, David el Bueno (familia condal desconocida), de quien se presumió ser un guerrero imbatido en Thalesia.

Cier'Zar la ViejaEditar

En los mapas del 107 d.F, la capital del Reino de Cier'Zar se encuentra en lo que ahora corresponde al sur del Reino de Cierza. La antigua ciudad fue renombrada como Lila Szél por sus actuales señores, la Casa Szélököl de Cierza. Sin embargo, uno de los señoríos del Condado de Castelgrís también recibe el nombre de Cier'Zar, pues se creía que se trataba de susodicha ciudad hasta el hallazgo de los mapas anteriormente mencionados. Así se determina que la Cier'Zar que conocemos hoy en día es Cier'Zar la Nueva. 

Vínculos con el presenteEditar

En los territorios que Cier'Zar gobernó antes de su caída han surgido varios señoríos. 

El Condado de Castelgrís y el Reino de Cierza reclaman un vínculo directo con la antigua cultural local. 

El Reino de Forjargéntea y la Marca de Entre Ríos reclaman ser descendientes del Reino de Naströnd, y ambos poseen regiones que pertenecían antiguamente al Reino de Cier'Zar. 

Los reinos de Vientoeterno, Alan-Dalus, Albarracín y Arriaka (dentro de las expansiones coloniales del Pacto de la Torre) también ocupan de forma parcial regiones que correspondían al reino extinto. 

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