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La conquista de Arcadia por la Guardia del Norte fué el acontecimiento que supuso la desaparición del Reino de Arcadia, entorno al año 106 d.F

Gobernaba por aquel entonces la Reina Drusilia Nailo cuando la Guardia del Norte invadió Arcadia. Las tropas arcadias superaban en número a las invasoras y contaban con magia, pero padecieron una terrible derrota a manos de las estrategias de la Guardia. El Reino de Arcadia se rindió para proteger la vida de su reina, pero el Senescal Raimor reorganizó a unas pocas tropas para declarar una última carga, muy posiblemente para dar la oportunidad de huir a sus conciudadanos. La refriega supuso la muerte del Senescal Raimor, la desaparición de la Reina Drusilia y la caída del Reino de Arcadia. Aquellas tierras fueron anexionadas al Imperio de la Guardia del Norte y entregadas a la marca de Hallstatt y a su señora Sairalinde, quien llevó a cabo aquellas campañas militares. 

Detalles de la batalla Editar

Se ha encontrado alguna crónica de esta batalla:

Año 106. Tierras arcadias

Tras jornadas de incesantes lluvias, el sol salió ese día en todo su esplendor, casi esperando expectante la batalla. El ejército marchaban incansable contra el reino enemigo, impaciente. Sus tropas, superiores en número y sobre una empinada loma, esperaban nuestra llegada tranquilas, arrogantes y confiadas. Parecían tener toda la ventaja y creían saborear ya la victoria. Su intención parecía ser agotarnos antes del combate.

El grueso de su ejército se encontraba en el centro, y cada flanco lo guardaba una pequeña compañía. Gran error. Nuestros soldados se dividieron en dos grupos, buscando el equilibrio marcial de las tropas, y rodearon el campo, atacando directamente a los flancos. Los muy cobardes sólo movieron sus tropas centrales cuando los costados habían empezado a caer como moscas. Su superioridad numérica no había servido de nada y enseguida se habían visto acorralados, atacados por ambos lados. Cundió el pánico e intentaron reagruparse, pero poco podían hacer ya contra nuestra formación en cuña, encerrados en el terreno que ellos mismos habían elegido y que creían tan ventajoso.

Nuestras pérdidas eran insignificantes ante la masacre que llevamos a cabo, demostrando que el número y el terreno no te hacen ganar si eres un pésimo estratega. Sus hechiceros miraban impotentes al ver que sus conjuros de poco servían ante nuestras protecciones contra la magia, y nuestras curanderas realizaban una excelente labor desde la retaguardia, inalcanzables gracias a una línea firme e impenetrable. Sus ánimos se desplomaron y comenzaron a preocuparse más por la seguridad de su reina Drusilia que por combatir.
Y todo acabó.

Raimor, senescal y comandante, tocó a retirada, quedándose solo frente a nuestro ejército. Y, declarando la rendición y caída del reino de Arcadia, cargó como un insensato contra nuestras tropas para que su reina, junto a los pocos soldados supervivientes, escaparan con el rabo entre las piernas. Dante, campeón de Hallstatt, dio buena cuenta del suicida, demostrando su inestimable valor en el campo de batalla.
Y así fue como la capital de Arcadia fue tomada y su reino borrado de la faz de Thalesia.
¡Larga vida al Imperio de la Guardia del Norte!

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